La IA evoluciona, ¿y su gobernanza?

La ventaja competitiva de los próximos años no estará en quien adopte primero los últimos modelos de IA. Estará en quien aprenda primero a gobernarla.

Los modelos más avanzados de inteligencia artificial (IA) se abren paso por todos los caminos con tal de responder a lo solicitado. El caso reciente del modelo de OpenAI que hackeó a Hugging Face ejemplifica el extremo al que se puede llegar. Sin duda de manera menos intrusiva, la IA ya se ha incorporado a las operaciones de las empresas peruanas. Muchas ya experimentan con ella a través de distintos casos de uso que han generado mejoras principalmente en la productividad. Sin embargo, pocas empresas han logrado escalar la adopción o capturar un valor significativo, ya sea por falta de claridad sobre cómo impulsar la escalabilidad o dónde se genera realmente el valor. La pregunta clave pasó de adopción a una de manejo estratégico: ¿cuál es la gobernanza que nos permita sacarle el máximo provecho a la IA?

La encuesta AI & Boards 2026, realizada por EY a miembros de directorio y alta dirección, muestra que el 78% considera que la IA mejora la calidad de las decisiones estratégicas y el 97% desea aprender más sobre ella. Sin embargo, solo el 24% ha asignado formalmente su supervisión a un comité y únicamente el 10% cuenta con una política corporativa aprobada para regular su uso.

Existe, por tanto, más convicción que institucionalización. Las encuestas confirman que no hay duda sobre los beneficios de su uso; sin embargo, no existe tal claridad sobre la gobernanza que permitirá dirigir estratégicamente su incorporación al desarrollo del negocio. Durante mucho tiempo asociamos la gobernanza con un sistema de control. Eso cambió: hoy es un sistema para tomar mejores decisiones.

La diferencia no la marcarán los directorios que más hablen de IA, sino aquellos que desarrollen la madurez para gobernarla con criterio. Esa madurez no se mide por el número de proyectos de IA, sino por la calidad de las decisiones que el directorio, de manera informada y responsable, es capaz de tomar sobre su uso. Sin ser un experto técnico, un director puede comenzar por entender el impacto estratégico. No preguntarse solo “¿qué herramienta estamos usando?”, sino “¿cómo la IA cambia nuestro modelo de negocio, nuestra competitividad y la experiencia de nuestros clientes?”. En corto, para qué la vamos a adoptar.

El entendimiento de la dimensión estratégica va de la mano con una supervisión de riesgos que, como el caso de OpenAI y Hugging Face ejemplifica, recién se están comenzando a comprender del todo. Esto va más allá de los riesgos tradicionales de privacidad, ciberseguridad o de cumplimiento regulatorio, también muy importantes, lo que ciertamente implica un reto para los mecanismos de control y contención.

Estas dos dimensiones de por sí abarcan largos espacios de trabajo, pero el rol de supervisión del directorio estará incompleto si no se formulan las preguntas claves sobre un tema más transversal, como es su implementación. ¿Contamos con una política sobre IA? ¿Tenemos estrategia de despliegue y quién es su responsable? ¿Tenemos el talento interno? Y otras más. Por lo tanto, esto implicará que sea incorporada en la estrategia de la empresa.

La ventaja competitiva de los próximos años no estará en quien adopte primero los últimos modelos de IA. Estará en quien aprenda primero a gobernarla.

Scroll al inicio